Eric Fuentes.- Copper & Gold

Enfrentarse a un disco de Eric Fuentes es extender la mirada hacia el infinito, contemplar un abismo de posibilidades, sin acabar de tener claro donde enmarcar lo que tienes delante. Los cambios de estilo y la versatilidad camaleónica del que fue cabeza visible de The Unfinished Simpathy siguen ahí, y en este caso revisa su sonido por completo, con un álbum en que el piano tiene una importancia capital.

El tono también se aleja del sonido tanto de la emblemática banda, como del de su último álbum, Eric Fuentes y El Mal. Deja prácticamente de lado esa alegría melancólica que empapaba sus canciones, por una atmósfera más oscura y opresiva (aunque ya había jugueteado con ella en algunos de sus trabajos en solitario, particularmente en Bahía Paraíso), aunque existen algunos cortes que operan como excepciones a este nuevo enfoque, más parecidas a lo que acostumbraban sus anteriores trabajos.

Eric Fuentes Copper and GoldEste cambio, aunque remarcable, no reviste un carácter negativo, si no que es una iteración más en el largo camino del músico, un nuevo experimento a la hora de alcanzar nuevos registros, y la verdad es que la jugada le ha salido realmente bien. La combinación de piano y voz, simple pero sólida, convence desde el primer momento, y se ve que Eric Fuentes se mueve como pez en el agua en las melodías de Bernat Sánchez (componente de Mine!). Aparte de los teclados, el único instrumento que aparece en Copper & Gold es la guitarra, y el juego entre estos tres elementos está perfectamente cohesionado. Es más sencillo e intimista, austero pero rebosante de sinceridad, una rara virtud en los tiempos actuales.

Este nuevo trabajo, apadrinado por BCore, algo que ya de entrada siempre da confianza, comienza mostrando sus cartas en Brotherhood y Unspoken, que enseñan esa nueva atmósfera agobiante y oscura. You Must Have Been Crying Again es mucho más luminosa y a pesar de su tristeza evoca al pasado tanto de Eric Fuentes, como de The Unfinished Simpathy. La inclusión de canciones más fieles a su estilo anterior establece una unión, y una sensación de continuidad y no de ruptura, que hacen más agradable la transición entre una y otra. Lo anterior no ha desaparecido, sigue allí, y sale a la superficie de vez en cuando. Make a Wish, a pesar de su aparente calma, consigue mostrar una dualidad entre desasosiego y alivio muy curiosa; al contrario que Deep Diver, de las más pegadizas y accesibles, junto con Drop Me A Line las más poperas del disco, en absoluto contraste con la sobria Names To Towns o la ominosa The Rush And The Wave. Entre toda esta variedad cabe incluso una versión de Frank Sinatra que no parece tal, It Was A Very Good Year, que a pesar de echar mano de la mitomanía no desentona con el resto del álbum. Cierra el disco la canción que le da nombre, Copper And Gold, con altibajos entre las dos atmósferas descritas, sirviendo de broche (de cobre y plata) a un álbum sorprendente, de primeras difícil, pero satisfactorio al final.

A estas alturas, que Eric Fuentes se renueve y experimente no debería alarmar a nadie, y menos cuando el resultado es tan meritorio. Sobrio y austerio como nunca, pero igualmente emocionante y honesto. Distinta música pero misma actitud para uno de los músicos más reseñables del panorama nacional.

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