Los Diarios del Hipster: Meat Wave, Menace Beach, Quaoar

No vamos a entrar de nuevo en el juego del revival noventero. Está claro que poco a poco se ha ido separando el polvo de la paja, saliendo a la luz lo que merecía de una pena de una década donde lo que tenía valor, como suele suceder, quedó oscurecido por lo más llamativo e inmediato. En pocas palabras, exactamente lo mismo que pasó con los ochenta.

Sin embargo, esta nueva tendencia ha traido como consecuencia un buen número de bandas que han decidido continuar con sonidos parcialmente olvidados, o en todo caso, tomar como referente a bandas noventeras y trabajar su propio estilo a partir de dichos iconos. Es el caso de las tres formaciones protagonistas de hoy, bastante distintas entre sí, pero dentro del movimiento descrito.

Meat Wave Brother

Meat Wave.- Brother

Como siempre en este tipo de casos, toca puntualizar. La influencia más directa de Meat Wave, tanto por su relevancia como visibilidad, serían los primeros álbumes de Foo Fighters, pero claro, estos iniciales discos también vienen siguiendo la estela del punk texano ochentero como MDC o The Hates. Tampoco se puede negar una tremenda influencia de The Marked Men en su sonido, y en consecuencia, de toda la familia ampliada de dicha banda, como es el caso de Mind Spiders, Radioactivity o Low Culture.  En definitiva, una buena batidora de referencias, para un sonido que, a pesar de la novedad de esta formación, tiene bastantes claros sus puntos fuertes.

Brother es un disco, en cuanto a su distribución de las canciones, de corte clásico. Empieza con el temazo, para ganarse al oyente, y poco a poco va enseñando el resto de material, con más pausa, pero también con dedicación. Siete canciones, a medio camino entre el EP y el LP, de punk de baja fidelidad, pegadizo, rápido y furioso. Corto pero jugoso, deja un buen sabor de boca gracias a descargas energéticas como Mystery, It’s Not Alright y la que le da nombre, pero también tiene momentos de mayor desarrollo como Sunlight. Es difícil predecir el futuro de la banda, pero si saben jugar sus cartas bien, pueden tener mucho que decir en los próximos años.

Menace Beach.- Ratworld

Menace Beach Ratworld

Sólo ver la portada de este álbum ya deja entrever varias cosas: nos alejamos de la época actual, y por otra, estamos ante un trabajo muy casero, que no se avergüenza de serlo, y que además se enorgullece de ello. En la actualidad estarían musicalmente emparentados con Joanna Gruesome, Speedy Ortiz, los primeros Cloud Nothings o The Julie Ruin, compartiendo un amor común con el indie rock alternativo noventero, aunque con un punto más rápido y agresivo. Sin querer explayarnos a la hora de dejar caer nombres: Superchunk, Pavement, o The Breeders, como cabezas del subgénero que bandas como Menace Beach se dedican a revitalizar y revalorar.

Este dúo de Leeds llama la atención por sus canciones demoledoras y sin complejos, con ese punto pegadizo y pop que consigue enganchar rápidamente, pero quedarse lo suficiente para que sea recordado y revisitado. Además, en muchos de sus temas, Menace Beach hacen honor a su nombre e incluyen un punto surfero a través de punteos desafiantes y vertiginosos, aportando a la mezcla frescura y originalidad. Como muestra un botón, y en este caso hay bastante de donde elegir: Elastic, Lowtalkin, Dig It Up o Tastes Like Medicine o algún experimento como Blue Eye. Un álbum que, con bases firmes en el pasado, sabe sonar a nuevo y convertirse en un vicio confesable.

Quaoar.- Dreamers. Dreaming

Quaoar Dreamers. Dreaming

Siempre gana esta sección cuando acaba con una banda nacional. He de reconocer que he conocido a Quaoar con su último álbum, a pesar de que lleven dando guerra desde 2.007. Y es algo de lo que arrepentirse, porque estamos ante una banda de rock alternativo sólida como pocas. Con mordiente metalera y toques progresivos pero con un trasfondo general más cercano al rock y al post-grunge, estos bilbaínos recogen influencias de grupos como Pearl Jam, Stone Temple Pilots o Soundgarden.

Sorprende encontrar un disco tan sólido y basado en unos pilares tan claros: canciones bien hechas, que combinan intensidad y calma, basadas principalmente en un trabajo de guitarras más que ejemplar. La factura técnica de Dreamers. Dreaming es envidiable y, sin querer desmerecer otros aspectos del álbum, es prácticamente intachable. Consigue que cualquier canción apetezca escucharla por duplicado sólo por la cohesión y tablas que demuestra la banda en todo momento. Igualmente, estamos ante un trabajo muy variado, ya que existe un abismo entre Tough Guy, Fable y Chatterbox, por mencionar tres de los ejemplos más destacados. Toda una sorpresa, a la que realmente da rabia haber llegado tarde.

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