Aliment.- Silverback

A estas alturas de la película no cabe duda de que Aliment son una máquina infalible de crear hits. De aquel inicial Foal Lips a Holy Slap y Seein’ Black, y dejano antes de su nuevo trabajo un EP nada desdeñable con la fantástica Nightmare Girl. Silverback viene precedido por canciones desenfrenadas, crudas y vertiginosas, y las expectativas son las de siempre: encontrarnos ante un disco de punk rock garajero lleno de temas frenéticos que se clavan en tu cerebro para siempre.

Una de las grandes virtudes de Aliment, y en consecuencia de su último disco, es su honestidad, que llega a rozar lo macarra. Silverback no tiene ninguna máscara ni embellecimientos innecesarios: es perfectamente consciente de lo que es, una nueva recopilación de cortes concisos y contundentes,  de corta duración y que corresponden cada uno de ellos a una explosión de guitarras, gritos y coros desatados.

Aliment SilverbackEl registro de Silverback continúa siendo el mismo que el de Holy Slap y se le puede calificar de continuista, pero no de repetitivo. Los elementos claves y definitorios de su estilo siguen siendo el punk rock y el garage rock, pero con unas notas distintivas de pop, lo-fi y en esta ocasión, más distorsión, con temas cercanos al fuzz. La reinvención y renovación de este último género, protagonizada por el incombustible Ty Segall puede haber tenido su influencia en el trío de Barcelona. En todo caso, recogen su anterior sonido, siguiendo una línea bastante lógica de evolución, optando por seguir con lo que funciona, destilándolo hasta su esencia más pura.

Silverback no dura prácticamente más de veinte minutos, pero le sobra para dejar momentos para el recuerdo: abre con toda la artillería, y en sus primeros compases ya nos regala algún que otro himno para dejarse la voz, con el trío conformado por Car Crush, Maniac y My Filthy Old Sundays, que siguen a Razor, que hace las veces de introducción. Es difícil individualizar y ordenar en orden de preferencia las canciones de Silverback, porque no hay ningún momento en que el álbum baje su calidad, y aunque 10.000 Hexes no parezca tan brutal como las tres anteriores, también raya a un nivel muy alto.

Es digno de destacar también el trío formado por Moving Mountains, Bad Blood y No Fuzz, tres cortes que no llegan a alcanzar los cinco minutos de duración, y que se desvían ligeramente de las estructuras tradicionales de Aliment, mostrando posibles nuevos caminos o sonidos a explorar por la banda. La última de ellas, No Fuzz, es probablemente la mayor explosión de adrenalina del álbum.

Silverback finaliza con la que fue el adelanto del disco, Drink Hunter, y con la que le da su nombre; despidiéndole de una manera efectiva, ya que suena como si la banda diera su último esfuerzo antes de caer desplomados.

Para todos aquellos afines a los sonidos garajeros Silverback les parecerá otro hito en la carrera de Aliment, y para quienes busquen un buen disco sin complicaciones ni caretas,  también pueden disfrutar de la auténtica bofetada sonora que supone este álbum. Sin trampa ni cartón, y con una fuerza, garra y energía espectacular.

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