Cloud Nothings.- Life Without Sound

No sorprende a nadie que siga de manera regular esta página si digo que Cloud Nothings son una de nuestras obsesiones desde aquel fantástico Attack On Memory, que sigue siendo a fecha de hoy uno de mis discos más escuchados. Sin embargo, la trayectoria de la banda capitaneada por Dylan Baldi, auténtico corazón y mente creativa del proyecto, tiene dos etapas claramente diferenciadas.

La primera, conformada por su debut y por Turning On (que no era un disco de estudio sino una compilación de EPs y miscelánea) era interesante, pero no dejaba de tratarse de indie pop con algo de guitarras y arreglos electrónicos con estribillos chiclosos y pegadizos (Hey Cool Kid o Nothing’s Wrong aguantan estoicamente el paso del tiempo). Attack On Memory fue un viraje de 180º hacia cumbres escarpadas, rocosas y plagadas de punk y post-hardcore, además de incluir mayor peso de clásicos como Dinosaur Jr, Weezer o Radiohead.

cloud-nothings-life-without-soundAsí, Attack On Memory se convirtió el emblema de unos Cloud Nothings mucho más relevantes y con un mayor calado y relevancia. Su sonido fresco pero de profundas raíces en el indie rock y en el punk les hicieron apetecibles para un público muy amplio, aún con el temor de que se convirtieran en flor de un día. Here And Nowhere Else supuso la confirmación de que Cloud Nothings iban en serio y de que su estilo tenía una amplitud suficiente para continuar sorprendiendo.

Life Without Sound llega envuelto en algodones y expectativas, y de nuevo, supone un cambio de dirección, aunque no tan brutal como el dado en 2012. Frente a la oscuridad agobiante de Attack On Memory, y siguiendo las maneras que apuntaba Here And Nowhere Else, Life Without Sound opta por un sonido más amable y luminoso, retomando con más fuerza las estructuras y estribillos pop que usaban en sus inicios, y combinándolas con la potencia guitarrera de sus últimos trabajos. No es un puente entre su música primigenia y su estilo actual, pero es coherente con su trayectoria, y no decepciona a la hora de entregar algo nuevo.

Esta nueva claridad hace desaparecer parcialmente las brumas sofocantes de sus anteriores trabajos, que no aparecen salvo en dos temas, la vertiginosa Darkened Rings, algo más compleja y menos brillante que el resto de cortes, y la salvaje Strange Year, rara avis dentro de Life Without Sound, pero no por ello menos bienvenida. Sin embargo, es más digno de comentario el inicio del disco con Up To The Surface, Things Are Right With You e Internal World, un ejercicio de positivismo, sin perder por ella garra y potencia, tan efectivo como agradecido. Otro trío de cortes deslumbrante es el protagonizado por Enter Entirely, Modern Act y Sight Unseen, que van desde una aproximación complaciente al rock de estadio a un tema marca de la casa a la cuadratura del círculo con una canción camaleónica llena de altibajos, mansos de calma y subidas desgarradoras. Finaliza el álbum Realize My Fate, una rareza con una estructuar ascedente donde la percusión ya la intensidad creciente son las protagonistas.

No quiero abusar del componente subjetivo con Cloud Nothings, pero la verdad es que hasta la fecha se las han apañado para que no podamos más que decir cosas buenas de ellos. Life Without Sound tiene madera para ser uno de nuestros discos favoritos del año, y para abrir una nueva etapa en la trayectoria meteórica de Dylan Baldi y los suyos.

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