Crystal Fairy.- Crystal Fairy

La verdad es que debe llegar un momento en la vida en el que dejas de hacer caso a las noticias sobre “la nueva banda de Omar Rodríguez-López“, pero todavía no he llegado a él: tras la sorpresa de Bosnian Rainbows, la decepción que supuso Kimono Kult, y sus doce discos en solitario del año pasado, el hecho de que iniciara un nuevo proyecto con Teri Gender Bender de Le Butcherettes (quien también formó parte de Bosnian Rainbows) y con Buzz Osborne y Dale Crover de Melvins, era suficiente para seguirlo con interés.

Por supuesto, Crystal Fairy indicaba que iba a ser una auténtica batidora de estilos dado lo diverso de sus integrantes, y el propio eclecticismo y gusto por lo experimental de estos. Los primeros adelantos iban desde progresiones metaleras en Chiseler, a ritmos oscuros y agobiantes en Drugs In The Bus a rock potente y arrojado en la canción que da nombre al disco y a la banda.

Tras la primera escucha del álbum, es difícil quedarse con otra cosa que no sea el gran carisma, capacidad artística y vocal, y magnetimos en general de Teri, quien ya dio el salto a la escena internacional con el fenomenal último disco de Le Butcherettes, que también era todo un remolino de influencias. En este álbum su rango es tan variado que parece multiplicarse.

En una segunda vuelta al primer trabajo de Crystal Fairy es más fácil apreciar el trabajo rítmico de los miembros de Melvin y de Omar, y sobre todo, como se han salido con la suya a la hora de aunar estilos tan diversos como los riffs pesados del post-grunge y el sludge con ritmos más matemáticos y calculados, con atmósferas oscuras, y tocando con la punta de los dedos en ocasiones la psicodelia o incluso esquemas pop. El atrevimiento a la hora de jugar con todos los elementos a su disposición no viene sólo por parte de la voz, sino también desde el plano instrumental, creando un álbum sorprendente, colorido y con cambios de tonalidad constantes.

Inevitablemente, la tercera escucha tenía que comprender cómo todos estos elementos tan dispares caen en su sitio, y cómo encajan en sus once temas. Los tres adelantos se perfilan como ejemplos de la versatilidad del sonido de Crystal Fairy y de lo rápido que estos cuatro músicos se han entendido y alcanzado un proyecto común llamativo y consistente. El resto de cortes confirman esta unidad, y aunque existan canciones algo más planas de lo recomendable, otras compensan con creces esos momentos algo más monótonos: Necklace Of Divorce, Moth Tongue o Secret Agent Rat (una de las dos canciones en español) son capaces de hacer olvidar las grisáceas Under Trouble o Vampire X-Mas.

No es necesario hablar de una cuarta vuelta, porque queda claro que el álbum de debut de Crystal Fairy tiene muchas capas por revelar, y lo mejor es que invita a escucharlo varias veces para descubrir las progresiones del bajo de Omar, las ominosas guitarras de Buzz y Dale, y el transformismo onírico y reivindicativo de Teri. Sin ser un álbum redondo, le sobran razones para captar el interés y para desear que no se quede en un proyecto de un solo disco.

 

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