Uno de los objetivos con los que comencé a escribir sobre música y conciertos fue doble: no limitarme sólo a los grupos o estilos que me gustaran, y a la vez, no dejarme llevar por tendencias, modas y hypes del momento. Progresivamente ese objetivo se fue modulando hacia algo tal vez más complicado, el salir de mi zona de confort y esforzarme en escribir sobre cosas por las que de otra manera no me interesaría o haría menos caso, y usar esta plataforma para ampliar mis miras. Y así he acabado en un concierto de trap, y no me arrepiento.
Como esto tampoco se trata de dármelas de entendido, ahora toca el jarrazo de agua fría: conocí el trap con el boom de Pxxr Gvng a través del asalto mediático de todos los medios que se volvieron locos con Young Beef y su alegre banda de incomprendidos. Puestos a reconocer, no vi la gracia a aquello, y cuanta más popularidad alcanzaba, menos sentido le veía. Luego vino la explosión del fenómeno en Youtube y Soundcloud, por donde descubrí por pura casualidad el vídeo de La Ley de Eddie Murphy de Kinder Malo y la versión berlinesa de Chemtrails junto con su hermano Pimp Flaco. Fue en ese momento cuando empecé a ver la gracia al asunto, y aún sin acabar de pillar de qué iba la cosa, me vi envuelto en una espiral de vídeos a cada cual más hiperbólico. Lo peor de todo, comencé a hablar con amigos que habían tenido una experiencia similar, y al final aumentó mi curiosidad hasta el punto de que cuando me enteré de que los hermanos de Dora Black venían a Valladolid, compré mi entrada sin pensarlo demasiado.